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Hacia una organización mejor
1. Desarrollo del personal

La experiencia profesional en instituciones públicas y privadas me ha demostrado que hay tres factores que mueven a una organización y posibilitan su crecimiento, tanto positivo como negativo: el desarrollo de personal, la gestión por competencias y el liderazgo efectivo.

Son, por supuesto, temas muy relacionados. El hecho de llegar a un espacio laboral acogedor, donde el desarrollo profesional está supeditado a un buen liderazgo gerencial, aporta al crecimiento profesional, promoviendo los deseos de emprender, de surgir al interior de la organización, de sentirse parte de un proyecto en donde uno espera crecer de acuerdo al éxito en su desempeño. Si a eso se le suma el interés de la empresa por capacitar y generar un clima laboral adecuado, se obtiene que los trabajadores estén motivados, con ánimo de hacer crecer a la empresa y a uno mismo.

Quienes estén en cargos de liderazgo deben considerar a los empleados como el recurso más valioso, e invertir en ellos, proporcionándoles continuamente oportunidades para mejorar sus habilidades. La capacitación hace que el trabajador sea más competente y se supere a sí mismo, mejorando los índices de gestión, de calidad y eficiencia. Generalmente, es más costoso contratar y capacitar nuevo personal, aunque tenga los requisitos para la nueva posición, que desarrollar las habilidades del personal existente. Además, al utilizar y desarrollar las habilidades del trabajador, la organización entera se vuelve más fuerte, productiva y eficiente.

El desarrollo del personal lo podríamos definir como un proceso en constante movimiento, que se efectúa durante un periodo extenso de tiempo, buscando establecer relaciones de confianza entre trabajadores y quienes concentran el liderazgo del recurso humano dentro de un espacio laboral.

A partir de esta conceptualización, es indispensable generar procesos extendidos de formación y una perspectiva a largo plazo de crecimiento del personal. Existe una tendencia mundial en el sentido de generar los incentivos necesarios para que los empleados puedan obtener oportunidades de promoción y oportunidades de capacitación, para complementar sus habilidades en el trabajo y utilizarlas en pro de obtener su máximo potencial. De esta manera se logra mantener al recurso humano interesado, generando un sentido de pertenencia y compromiso con la institución, con mayor motivación y por ende más productivo.

En general, los incentivos presentados a los empleados son de índole económica. Y, en algunos casos, con el desarrollo de competencias específicas, lo que se traduce en una fuerza de trabajo mejor capacitada y por ende más apta frente a los numerosos desafíos que el sistema ofrece y exige habitualmente.

Se debe privilegiar una gestión basada en el desarrollo personal de los funcionarios y demás colaboradores, generando espacios para fortalecer las diversas capacidades del personal, como asimismo fomentar la visión crítica y el sentido de pertenencia de los empleados. También se deben generar los espacios necesarios para mejorar la competitividad de la empresa, lo que lleva consigo una intervención planificada y participativa en el desarrollo de actitudes, valores, destrezas y conocimientos requeridos para el logro de objetivos de la empresa.

En este espíritu, se debe trabajar en conjunto entre empleador y empleados para alcanzar la eficacia y excelencia en la realización de las tareas, funciones y responsabilidades.

Quizás el aspecto más importante del proceso de desarrollo de personal va de la mano de procesos internos que generen grados de compromiso y esfuerzo de sus miembros. Es muy importante en un mundo como el de hoy, donde los retos de competitividad, intensificados por la globalización de los mercados, obligan a las empresas e instituciones a aprovechar en mayor grado la iniciativa y creatividad de sus colaboradores.

Para mantener el grado de compromiso y esfuerzo, las organizaciones tienen que propiciar climas laborales positivos, para que así se generen procesos que fomenten la cooperación de sus miembros, estableciendo mecanismos que le permitan disponer de una fuerza de trabajo eficiente y eficaz que conduzca al logro de los objetivos y metas de la organización y, al mismo tiempo, logre satisfacer las aspiraciones de sus integrantes.

En definitiva, una de las prioridades en materia de desarrollo del recurso humano apunta a gestionar en la empresa los espacios necesarios para fomentar la capacitación efectiva del recurso humano, a partir de las necesidades de los puestos o de la organización. Aunque la capacitación ayuda a los miembros a desempeñar su trabajo actual, sus beneficios pueden prolongarse a toda su vida laboral y pueden ayudar en el desarrollo de esa persona para cumplir futuras responsabilidades.

No se debe olvidar que las empresas u organizaciones dependen primordialmente -para su funcionamiento, evolución y logro de objetivos- del elemento humano o capital intelectual con que cuenta. Por ello debe poner toda su atención en los requerimientos de sus necesidades de desarrollo personal.


Francisco Rojas Espinoza

Asistente social